De la escuela a la ‘hagwon’ en Corea del Sur

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LOLA GARCÍA-AJOFRÍN, Seúl (Corea del Sur), publicado en ESCUELA, el 31 de mayo de 2012.

Nos adentramos en la sala de profesores de uno de los sistemas educativos en el top 5 de PISA 2009. Es el más selectivo con los maestros (5%) y que mejor les paga. Un toque de queda multa las clases de noche

Seúl, 10 de la noche. La policía patrulla el centro de la ciudad para evitar que las hagwons (academias privadas) que inundan la zona, infrinjan el horario. Por Daechi-dong, Samseong, Gangnam… Las hay por todas partes. Cerca de 70.000 en todo el país, según un informe del Korea JoongAng Daily de 2008. Y de todo tipo: de Inglés –las conocidas como ‘Cram schools’–, de Ciencias, de Piano. A esta hora, es fácil tropezarse con padres que esperan a la salida de alguna para recoger a sus hijos. Algunos llevan hasta 10 y 12 horas de clase, entre la escuela y la hagwon. Van saliendo. Uno a uno. No vale retrasarse. Posiblemente sea el único lugar del mundo donde existe toque de queda para dejar de estudiar.

La educación, entendida como pasaporte de estatus y bienestar, ha llevado a los surcoreanos a una obsesión por las notas de sus hijos, sobre todo en el instituto, que persiguen a base de horas en la academias privadas. La mayoría accede a la universidad (80%) pero el objetivo es hacerlo en un centro de prestigio. Esta competición se convierte en un círculo vicioso que culmina con la Selectividad y, en algunos casos, tras las estrictas pruebas específicas de algunas facultades. Es lo que se conoce como: Sihom chiok, el infierno de los exámenes.

En los últimos años, el Gobierno de Corea del Sur está tomando medidas para acabar con las intensas jornadas de los estudiantes que provocan estrés e insatisfacción y que, en ocasiones, llegan al extremo –en 2010, se suicidaron 146 estudiantes surcoreanos, según datos del ministerio–. Para evitarlo, en 2009, se estableció un límite horario a las academias de las 10 de la noche y, el año pasado, se suprimió la clase de los sábados, que antes era cada dos semanas.

Alex Dumond, profesor en una academia en Seúl narra en su apartamento su expeencia.

Alex Dumond, un profesor norteamericano de 24 años, que imparte Inglés en una hagwon en Seúl a niños de Preescolar y Primaria, lo corrobora. Nos recibe en su apartamento, al terminar la academia. Nos descalzamos y entramos. Nos cuenta que algunos padres incluso llaman por teléfono para que ponga más deberes o suba el nivel de la clase: “Nunca les parece suficiente”. Mientras hablamos, llegan algunos amigos a la casa, todos profesores y extranjeros.

“La sociedad surcoreana está muy preocupada por la enseñanza y sabe que el Inglés es fundamental”, afirma Manny Favela, un californiano de origen mexicano que trabaja como maestro de inglés en una escuela Primaria de Seúl. Por este motivo, Corea del Sur se ha convertido en un atractivo destino para profesores de habla inglesa, con o sin experiencia. Los elevados salarios son un importante aliciente –es el lugar del mundo que mejor paga a los maestros en relación al nivel de vida, tanto al inicio (seguido de Alemania, Turquía y Singapur), como tras 15 años de docencia (antes de Singapur, Alemania y Japón).

Pero no solo las academias privadas explican que, entre 2000 y 2009, Corea del Sur mejorara en Lectura, 15 puntos en PISA, el equivalente a casi 5 meses aprendizaje. El estudio Alcanzándolo: Aprender de los mejores sistemas educativas en Asia oriental, del Instituto Grattan, se refiere a los altos niveles de equidad –en PISA 2009, la diferencia entre el 10% de los peores y el 10% de los mejores de Corea del Sur fue de 200 puntos respecto a los 241 de media de la UE–; a la alta participación –hace 30 años solo el 40% de los jóvenes surcoreanos (25-34 años) terminaba la secundaria, ahora lo hace el 98%, diez puntos por encima de la media de la OCDE–; y, a la eficiencia –Corea del Sur gasta menos por estudiante que otros sistemas educativos–. Y sostiene que esto ha sido posible gracias a: una formación docente inicial de calidad, la tutorización de las clases, la consideración de los maestros como investigadores, la observación de la lección por colegas y la promoción durante la carrera profesional.

“Corea es un buen ejemplo de cómo la educación es clave en el crecimiento de un país. Hace dos generaciones, éramos una de las naciones más pobres del mundo”, asegura el ministro de Educación surcoreano, Lee Ju-ho, en una entrevista días después con ESCUELA, en la que reconoce que “las familias han sido fundamentales en este proceso”.

En la sala de profesores

Para comprobarlo, acompañamos a Manny en un día de clase en Seúl. La jornada empieza a las 8:40, junto a Olympic Park. Tomamos el autobús y llegamos hasta la Seryun Elemmentary School. Durante el trayecto, este profesor de 31 años, que primero impartió clase en California y desde hace tres años lo hace en Corea del Sur, habla de las diferencias entre las aulas de uno y otro lugar: “Cuando llegué a la región, a una escuela Secundaria solo de varones, noté que aquí los chicos eran más fáciles de controlar, tienen más respeto al maestro que en EEUU pero también que no se interactúa”. Dice echar de menos que sus estudiantes hagan preguntas y destaca los pros y contras del fuerte papel que juegan los padres: “Por ejemplo, una vez al semestre hacemos lo que se llaman ‘clases abiertas’, en las que se invita a los padres a entrar, es una sociedad que valora mucho la educación y el estatus, pero esto hace que a veces la presión sobre los chicos sea muy grande”.

Llegamos al colegio. Subimos las escaleras hasta la segunda planta, donde se imparte Inglés. Los escalones nos dan alguna pista. Un peldaño, se lee: “Today is morning”; otro más: “You look nice”; y otro: “Let me hold your bag for you”. En clase, un muchacho con la camiseta de Argentina de Bolatti se sabe la pregunta. Levanta la mano: “Pilot”. El compañero de detrás le choca los cinco. Hay 30 pupitres, colocados en tres filas de dos. Me siento en uno, en última fila. Son 28 estudiantes. Este es uno de los elementos característicos de la enseñanza de Corea del Sur: una de las mayores ratios alumno-docente (30:1, respecto a la de 17:1 de media de la OCDE). Algunos estudios como el de McKinsey de 2010 sugieren que esto le permite a los surcoreanos emplear más fondos en otros aspectos educativos como el salario docente. La OCDE, en repetidas ocasiones, también ha manifestado su predilección por esta distribución de recursos, en clases mayores y profesores mejor atendidos.

La profesora Sunnyoung Yo.

La profesora Sunnyoung Yo.

Un par de clases más, mismo procedimiento. Tienen botellas de agua en todas sus mesas y el libro de texto –de papel–. En 2015 el Gobierno surcoreano introducirá el libro digital en todas las escuelas. “De momento, solo se ha hecho de forma experimental en algunas”, explica Sunnyoung Yo, maestra de 31 años, compañera de Manny.

12:20 de la mañana. Hora de comer. En la sala, algunos de los maestros ya han comenzado su almuerzo. Tomamos la bandeja metálica, los palillos, la cuchara y la servilleta y nos servimos: hay sopa, cerdo con una salsa picante, arroz verdura y te.

Les preguntamos por los motivos que han situado a Corea del Sur en la cumbre de las evaluaciones internacionales. Hablan de la selección del profesorado. Es el país en el que los criterios de admisión de los maestros son más rigurosos –se eligen entre el 5% de los mejores alumnos; Finlandia, lo hace entre el 10% y Singapur y Hong Kong, entre el 30%–; además, cuenta con vacantes muy limitadas, lo que casi les asegura el puesto, y durante el ejercicio, el resto de profesores evalúa a sus colegas. No es así en Secundaria, con mayor oferta, donde Corea arrastra las consecuencias de la escasez de profesorado de los 60 y los 70.

Una curiosidad, en educación para la Ciudadanía “explicamos a los alumnos la relación entre Corea del Sur y del Norte”, admite en tono suave la profesora Sunnyoung, que pasa por el tema de puntillas.

Una vez más, vuelve a salir el papel de las familias, “a veces demasiado protectoras”, admite Sunnyoung, que asegura que, en algunos casos, llegan a elegir las clases de la universidad de sus hijos. De hecho, Lee Gisoo, de los pocos maestros varones de la escuela, reconoce que se decantó por la docencia porque procede de una familia de profesores y porque se lo recomendaron sus abuelos. A Hye-won Jung y a Sunnyoung Yo, también se lo aconsejó la familia, por la seguridad de la profesión, “tenemos muy buena pensión”, admite Hye-won. Y solo Min Gyeong Eun afirma que, desde Primaria, supo que quería ser maestra.

 Es la otra cara de la moneda, la que, pase a los buenos resultados, restringe la creatividad e iniciativa de los estudiantes de Corea del Sur, algo a lo que se refieren todos los profesores extranjeros con los que hablamos durante nuestra estancia. También Sunnyoung Yo, que critica el procedimiento de las academias, “centradas en enseñar para el examen”. Revertir esto es el actual reto del Gobierno del país que, ahora, persigue impulsar la formación técnica, muy poco considerada: “Si mi hijo tiene talento para ser cocinero, le apoyaré, sostiene la maestra –mientras se toca una tripa de cinco meses–; algunas cosas están cambiando”.

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