Kai-ming Cheng: “En Asia, la educación es como los palillos, la única forma de comer”

El decano de Educación de la Universidad de Hong Kong reflexiona sobre la herencia cultural que propicia los buenos resultados de uno de los sistemas en la cima de PISA de los que menos se sabe

LOLA GARCÍA-AJOFRÍN, publicado en ESCUELA, el 21 de junio de 2012.

El profesor Kai-ming Cheng, tras un desayuno en el Robert Black College de Hong Kong.

El profesor Kai-ming Cheng compara la educación con los cubiertos. Puede ser porque la conversación tiene lugar casi con la boca llena, durante varios desayunos, en el comedor del Robert Black College de Hong Kong por el que cada mañana unos 60 universitarios engullen sandía, café y tostadas antes de clase, pero su teoría perfila los cimientos que hicieron posible que Hong Kong y Singapur, que se situaban en los puestos 17 y 15 en la evaluación sobre comprensión lectora PIRLS, en solo cinco años (2006), pasaran al segundo y cuarto puesto de la tabla, respectivamente; que entre 2000 y 2009, la puntuación media de Lectura en Hong Kong mejorara 8 puntos o que en Shanghai, el promedio en Matemáticas de los alumnos de 15 años sea de un nivel de dos a tres años por encima de sus pares de Australia, EE.UU, Reino Unido y Europa.

Para este profesor chino, decano de Educación de la Universidad de Hong Kong, más allá de estereotipos que simplifican los resultados asiáticos en el confucianismo que, dice, “ha evolucionado en distintas interpretaciones en diversos territorios y con el tiempo”, sí existe una base cultural, en las que denomina “las sociedades de los palillos”: “Vosotros utilizáis distintos cubiertos para cada plato, tenedor de carne, de pescado, cuchara para la sopa, nosotros, en toda Asia Oriental, todo lo comemos con palillos; de igual modo, ocurre con el éxito, en Occidente, una posición de prestigio puede alcanzarse por distintas vías, en Asia, entendemos que para ascender, la única herramienta es la educación”, agarra un pedazo de huevo frito y se lo lleva a la boca. “Así que yo digo, que aquí la educación es como los palillos, la única forma de comer”, mastica y sonríe.

Hong Kong, junio 2012

Todo se remonta, explica, al Examen Civil. Una prueba para la contratación de funcionarios del Imperio que se estableció oficialmente en China durante la dinastía Sui (603 dC), tomada luego por Corea y Japón, hasta 1905, de la que, según Kai-ming Cheng, permanecen cuatro paradojas culturales: primero, este examen, se abría a todos los candidatos sin prerrequisitos, lo que universalizaba el acceso, anteponía el esfuerzo al origen y se convertía en la única vía de movilidad social.

Algo que engrosó el folclore, “novelas y óperas que hasta la fecha convierten en héroes a candidatos de familias pobres que llegan a funcionarios”, explica el profesor, sorbo a sorbo de café. Segundo, estableció que la educación es una cuestión de selección [más café]. Tercero, el rigor de aquellos exámenes para los que se confinaba a los candidatos en aulas durante días escribiendo sus ensayos, dio lugar a la virtud del trabajo duro y a la confianza en el esfuerzo más allá del énfasis en la habilidad innata pero “también a las expectativas poco realistas de la tolerancia de los estudiantes a las presiones de los exámenes”, puntualiza. Y Cuarto, la sociedad y el apoyo de los padres proporcionó un ambiente propicio para el aprendizaje.

Una estudiante, a la salida del colegio, corre en el metro de Hong Kong

Sobre esa estructura cultural, se erige hoy una reforma educativa que, gradualmente desde 2000, ha puesto patas arriba el modelo vigente con un plan de estudios ampliado, más flexible, que persigue un mayor equilibrio entre los aspectos intelectual, social, moral, físico y estético y que lucha con esta devoción por la educación entendida meramente como actividad intelectual. Uno de los principales cambios perpetrados fue la asunción de un nuevo curriculum.

La responsable de formular las políticas relacionadas con su desarrollo fue la doctora Catherine K K Chan, actual subsecretaria de Educación de Hong Kong. Nos recibe en las oficinas centrales del Gobierno de Hong Kong en la Avenida Tim Mei, en un edificio que, como explica Jessey Kong, su asistente, “todavía huele a nuevo”. Frente a un té y la “chuleta” en un folio, K K Chan expone, en una entrevista que será publicada íntegra en próximos números de ESCUELA, que se trata de un proceso muy difícil, “porque empezamos en el otro extremo y, a veces, los padres no lo entienden”, por eso se está haciendo por goteo “y con mucha información”. “En los 90 tuvimos una mala experiencia de imponer los cambios muy rápidamente”, agrega.

 

La reforma, en marcha

Catherine K. K., subsecretaria de Estado de Educación de Hong Kong, tras la entrevista.

La subsecretaria de Educación explica que empezaron la reforma del curriculum con el objetivo de enseñar a los alumnos a aprender a aprender, clave en el siglo XXI, y con dos propósitos: uno el propio desarrollo personal y el segundo, el aprendizaje a lo largo de la vida, “Hong Kong está muy preocupado por el logro académico, demasiado académico”, añade. K K Chan esboza algunas particularidades del nuevo modelo, con el impulso del Inglés y el Chino, porque es una sociedad bilingüe, con materias comunes en todas las etapas: Matemáticas, Humanidades, Ciencias, Educación tecnológica, Arte y Educación Física. “En el pasado, la Educación Física no le importaba ni a los padres”, explica y dice que intentaron cambiar también la forma que los estudiantes tienen de aprender. Asegura, con cara de suplicio, que hoy todavía algunos padres se resisten, “no a la reforma sino a los cambios, pero empiezan a abrir su manera de pensar”.

El director Cheung Pak Hong, en su despacho, en la escuela Musang de Hong Kong.

En la visita a la escuela Musang de Hong Kong, en una entrevista con su director, el profesor Cheung Pak Hong, comprobamos ese fragmento de la sociedad todavía reticente al cambio. Durante la entrevista en su despacho, en el que hablamos de las bondades del sistema educativo –“aquí se respeta mucho la educación, hay más horas de clase, en términos de contenido el nivel es más alto y enfatizamos en deberes, exámenes, de la guardería a la universidad, las escuelas públicas son mejores que las privadas y los docentes están muy bien remunerados”, explica– pone de manifiesto su escepticismo “con este empeño por la creatividad” y advierte que “si se sobreenfatiza sobre esto frente a las cosas tradicionales, se agravarán las diferencias sociales, porque ni todos los padres pueden enviar a su hijo al extranjero ni comprarle un instrumento”.

De vuelta al Robert Black College, en el comedor en que tomamos café y tostadas, nos enteramos de que solo días antes, Andreas Schleicher, director del departamento para Indicadores y Análisis de la OCDE, había pasado por ahí. Le contactamos por correo electrónico y nos envía algunas notas de su viaje: “Siempre es difícil determinar cuál de los factores observados se debe a bienes culturales y cuál a intervenciones políticas y prácticas. Están entrelazados”. Explica que se había tomado unos días de vacaciones anuales para aprender más acerca del sistema educativo de Hong Kong, “quizás de los actores en el top de PISA de los que menos se sabe”.

Slow (lento), una incicación a la salida de una escuela en Hong Kong.

Schleicher habla del papel de la sociedad, “con la mayoría de las escuelas conducidas por entidades privadas, el Gobierno tiene poco margen de maniobra para la intervención directa y los padres tienen un fuerte poder de influencia en las escuelas, debido tanto a la elección de centros como al control local, como comités de dirección, asociaciones de padres y profesores, etc.”; hace referencia a la presión mediática, que exige a los centros el mantenimiento de la alta calidad –la mayoría de los principales periódicos cuentan con páginas educativas–; del Gobierno que, ha entendido la educación “como una prioridad transversal” a la que dedica de su presupuesto público un 23% más que cualquier otro país de la OCDE; de la transparencia y del papel que jugará la reforma educativa, que muestra, dice, que “Hong Kong puntúa alto en sus ambiciones”.

“Son momentos de cambio”, reconoce el profesor Kai-ming en nuestro último desayuno el Robert Black College, “ahora mismo tenemos estudiantes del siglo XXI, profesores del siglo XX y padres, en algunos casos, del siglo XIX”.

–¿Algún mensaje para los profesores que están en España?

–Fácil, cada profesor debe preguntarse cómo debería ser la educación, en función de dos cosas: cómo será la sociedad –macro– y cómo piensan sus estudiantes –micro–. Como profesor, lo que puedo hacer en mi clase es limitado, la enseñanza es un sistema global, pero de mí depende crear un pequeño entorno lo más positivo para que mis estudiantes sean grandes ciudadanos en un futuro.

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