Durante cuatro décadas, los estudiantes de Cuba compaginaron estudio y trabajo en base al principio pedagógico de José Martí. Hoy, todos los alumnos del país realizan actividades agrícolas durante 45 días
LOLA GARCÍA-AJOFRÍN, publicado en ESCUELA, 19 de abril de 2012.
Ese día les levantaron a las 4:00 de la mañana y les montaron en una guagua (autobús) hasta el Malecón. Los chavales, de entre 11 y 14 años, dormían y caminaban a ratos, hasta que aparecía alguna cámara de televisión, entonces, se enderezaban, ponían su mejor sonrisa y meneaban las banderitas de Cuba. Era la primavera de 2000 y el incidente diplomático entre la dictadura castrista y el Gobierno estadounidense de Clinton por el caso Elián no entendía del calor que en esas fechas empieza a apretar en La Habana.
Cintia, hoy de 23 años, cuenta como anécdota, el empeño que se puso en los colegios cubanos en las manifestaciones por aquel balserito, que en un intento de escapar a Miami junto a su madre y otros 11 cubanos en un bote, quedó huérfano y enfrentó una vez más a los dos países. “Fueron semanas de marchas y actos a todas horas”. Al final, los madrugones tuvieron resultado; Elián regresó a Cuba y Cintia y sus compañeros, a clase.
La joven recuerda aquello durante una conversación en la que hablamos sobre el afán en la educación cubana de lo que su Gobierno denomina “compromiso social con el país” y sobre uno de los elementos esenciales en este sistema educativo: los internados. “Hasta ahora o ibas al Pre o te quedabas sin universidad”, explica la joven, que después de terminar la Secundaria y de madrugar por Elián volvió a levantarse al alba para el matituno, el acto con el que cada día iniciaban la jornada en el internado. Hasta el curso 2009-2010, el Pre, como se conoce al Preuniversitario (segunda etapa de la Secundaria), era en régimen interno obligatorio para todos los estudiantes de Cuba. La otra opción era, después de noveno, cursar educación técnica o vocacional.
Entonces, Cuba empezó con los recortes y se redujeron las becas generales, excepto para aquellos alumnos de las zonas más aisladas del país, que hasta hoy continúan internos. Cintia rememora con nostalgia los día del Pre –“nos lo pasábamos muy bien”–, aunque las jornadas eran intensan. Se levantaban al amanecer y mientras una de las chicas se quedaba para hacer las camas, que –dice– había que dejar perfectas –después, una profesora hacía rodar una moneda sobre la sábana para comprobar si quedaban arrugas–, las demás asistían al matutino, donde se cantaba el himno y se izaba la bandera. El resto del día consistía en clases, almuerzo, más clases, una hora de autoestudio, cena y visionado del informativo “obligatorio, porque en el matutino te podían hacer preguntas sobre lo que viste”, aclara la joven.
El objetivo del preuniversitario es proporcionar “una cultura general sustentada en el principio martiano de estudio-trabajo, con una participación protagónica e incondicional en la construcción y defensa del proyecto socialista cubano”, según describe el portal educativo cubano del Ministerio de Educación de la República de Cuba y en este aspecto, se ocupa de instruir a los alumnos con una elevada preparación político ideológica, intelectual, científico técnica, cultural, deportiva y con valores como el patriotismo, la honestidad, la honradez, la laboriosidad y la solidaridad. Por eso la instrucción total de los jóvenes cubanos en esas edades es tan importante para el Régimen que, a comienzos de los 90, trasladó la enseñanza media a escuelas en el campo e hizo obligatorios los internados en esta etapa.
Hoy, aunque mucho alumnos van a dormir a casa, porque el Gobierno ya no puede costearse la pensión completa de todos, las labores campestres continúan vigentes en la formación del alumnado, que pasa 45 días en el campo realizando trabajos agropecuarios. Esta práctica forma parte de la pedagogía cubana desde hace cuatro décadas en base a los principios de José Martí, que consideraba necesario el vínculo estudio-trabajo en las escuelas como piedra angular en la formación de las personas.
Trabajo en el campo
Álvarez de Zayas, en ‘La Escuela en la Vida’, explica que la esencia social de la escuela cubana, que se concreta en el ideario pedagógico martiano, se basa en dos ideas básicas de carácter instructivo: aprender a trabajar durante su permanencia en la escuela y utilizar el método de la ciencia, como método fundamental de enseñanza y aprendizaje, y de trabajo. A estas se le suma una tercera, con la formación de los rasgos más estables de la personalidad del educando: sentimientos y valores.
Wilmer, médico de 44 años, lo sabe bien. Cuenta, con orgullo, que él, en el internado, se hizo un hombre, mientras muestra las manos, por un lado y por otro. Entonces, los trabajos en el campo de los estudiantes eran a diario. El doctor explica que aquello le enseñó a valerse por sí mismo y a asimilar valores como la disciplina y el esfuerzo que, después, le han sido indispensables en su profesión. En el internado, “la mayoría también descubrió el sexo y las chinches”, bromea.
El médico hace alusión a los madrugones, a las caminatas hasta el cafetal y al trabajo que costaba llenar las dos latas que les ponían como norma. Se pasa la mano por la frente y simula que se limpia el sudor, aunque pone cara de satisfecho: “Guardo muy buenos recuerdos”. Dice que todo lo que aprendieron los jóvenes de su generación hoy se ha perdido. Junto a su función pedagógica, otros agradecen la contribución de la mano de obra de estos muchachos al cultivo del café, la papa o el tomate cubanos. Aunque en pleno siglo XXI, los hay que cuestionan tanto la rentabilidad de estos trabajos como su eficacia formativa.
El instituto de excelencia, a lo cubano
Durante una conversación en La Habana con una directora de una escuela rural, nos sorprendieron las palabras de uno de los presentes, un cubano residente en España, que ironizó con que los institutos de excelencia propuestos por Aguirre en Madrid y por los que hubo tanta polémica en España, en Cuba llevan vigentes desde hace tiempo. Se refería a los ‘Institutos preuniversitarios vocacionales de ciencias exactas’, conocidos como IPVCE, en los que, salvando las diferencias, ingresan los alumnos sobresalientes cubanos tras un riguroso proceso selectivo.
Julio, de 14 años, es uno de los aspirantes a este tipo de Pre de élite. Quiere estudiar Matemáticas, su madre nos asegura que es “un bicho” (muy listo). Este mes de abril se presenta a las pruebas. Como ocurre cada año, su municipio evaluará a los alumnos, los más destacados pasarán al exámen municipal y si Julio queda entre los primeros, ingresará en uno de los 15 IPVCE que actualmente hay en Cuba. Estos centros son muy exigentes, sus estudiantes, para mantenerse en la escuela, deben obtener más de 85 puntos de 100 en las asignaturas de Física, Química y Matemática, en las restantes una media de 60 puntos y en el promedio general más de 85 puntos.
Los tipos de ‘Pre’ en Cuba
IPVCE. Institutos Preuniversitarios Vocacionales de Ciencias Exactas. Centros para estudiantes destacados a los que tras un riguroso proceso selectivo, forman en las diferentes ramas de la ciencia.
IPUEC. Institutos Preuniversitarios en el Campo ( IPUEC). Centros internados, donde se instruye a los alumnos bajo el principio martiano de estudio- trabajo, alcanzando el título de bachiller en Ciencias y Letras.
IPVCP. Institutos Preuniversitarios Vocacionales Pedagógicos. Su objetivo es favorecer la vocación hacia los estudios de magisterio. Su plan de estudio concibe la formación del bachiller, con prácticas pedagógicas sistemáticas y concentradas en diferentes instituciones escolares, en función de las especialidades.
EIA. Escuelas de Instructores de Arte. Centros para las especialidades de Música, Artes Plásticas, Danza y Teatro. Su objetivo es que los egresados se conviertan en profesores de Apreciación Artística y propaguen la cultura por todo el territorio.
ESPA. Escuelas Superiores de Perfeccionamiento Atlético. Centros para los destacados en aptitudes físicas. Los egresados tienen asegurado su ingreso a la Educación Superior en las especialidades de Cultura Física y en la Licenciatura en Deportes.
EMCC. Escuela Militare Camilo Cienfuegos. Centro para la formación de oficiales para las diferentes especialidades de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

